Derecho a la Salud

El derecho al mayor nivel de salud posible sin distinción de raza, género, religión orientación política o situación económica o social se expresa en muchas constituciones nacionales y se articula en tratados internacionales, entre ellos la carta fundacional de la Organización Mundial de la Salud. Este derecho involucra la garantía de que el Estado disponga los recursos materiales y humanos, para garantizar a la población las condiciones necesarias, para mantener un estado óptimo de salud física, mental y social. Ello implica derechos legalmente definidos de los ciudadanos y responsables del estado y de otros implicados, y crea los mecanismos para que los ciudadanos puedan reclamar en caso de que esos compromisos no se cumplan.

El derecho al mayor nivel de salud posible es fundamental, al garantizar que los servicios de salud respondan a las necesidades de la población, que haya responsabilidad en el sistema de salud y que la APS se oriente a la calidad, de tal forma que se logre la máxima eficiencia y efectividad, minimizando a la vez los posibles daños a la salud.

(OPS, 2007. p.9)

La salud es un derecho humano, no una mercancía

El marco global del neoliberalismo, la privatización y el “libre comercio”, empujados por la OMC y las instituciones financieras internacionales, han jugado un papel determinante en la transferencia al sector corporativo del control de los determinantes de la salud. Esto se ha traducido en la degradación del medio ambiente, la contaminación con tóxicos, la negación de los derechos al agua, la comida y a la propia vida. El derecho a la salud y a los cuidados de salud debe ser más importante que las ganancias de las corporaciones, especialmente de las casas farmacéuticas que se lucran en demasía.

(Declaración de Cuenca, Voces, 2005)

Se nota un cambio radical en el concepto contenido en la lógica de la reforma sanitaria. La idea de producir salud para el pueblo, vista como motor del sistema de salud, ha sido sustituida por la noción de que el objetivo del sistema es generar rentabilidad. Los defensores de este nuevo sistema intentan privatizar lo que es rentable en el sistema sanitario. Eligen lo que les permite sacar beneficios.

En El Salvador, los líderes del gobierno dicen que no están privatizando los hospitales, pero privatizan todos los servicios de los hospitales que pueden. Para esto primero lo someten a un ajuste económico y luego a través del desprestigio público lo comparan con la atención privada. Otra manera de privatizar es, en vez de que el presupuesto sanitario transite del Estado hacia el Ministerio de Salud, los fondos están ahora gestionados por bancos privados. Todo esto para convencer a la gente de que este sistema es mejor. Habría que decirles primero que la salud es un derecho humano fundamental!

(Eduardo A. Espinoza, El Salvador)